Uno de los consejos habituales que hacemos en el despacho, es que la planificación de la jubilación, debe realizarse lo antes posible. Ya sea con herramientas como los Planes de Pensiones, siempre que obtengamos un interesante beneficio fiscal.  O bien, utilizando cualquier otro tipo de producto de previsión social. Y la importancia estriba, en la capacidad de nuestras inversiones de generar unas ganancias en el tiempo. ¿Cómo? A través de la capitalización de nuestro ahorro. Y en este caso, el tiempo es un factor muy importante, así como el interés del producto contratado.

En ocasiones, hay personas que son capaces de expresar esas ideas extraordinariamente y de una manera interesante y clara. Por ello, me permito reproducir el artículo de Cristina García del 18-11-2018 en “elEconomista.es”:

Ha llegado Clemente hasta los 40 años de edad con 10.000 euros de ahorro en el banco. Nunca ha encontrado el momento de invertir en un plan de pensiones. Demasiados agujeros que tapar antes de plantearse esa posibilidad. Tampoco en un fondo de inversión. Una parte de su interior piensa que, a estas alturas, ya es demasiado tarde para empezar a hacerlo. Los réditos que obtendrá en el futuro tampoco serán demasiado elevados. Lo que le ocurre a Clemente puede extrapolarse a una parte significativa de la población española. Históricamente ha canalizado su ahorro a través de depósitos y ladrillo.

Según datos de la Comisión Nacional del Mercado de Valores.  La riqueza de los hogares españoles es superior a la de la media de la zona euro. Aunque su composición es significativamente diferente.  Se basa en un 82 por ciento en el componente inmobiliario (frente al 68 por ciento de la zona euro) y en un 18 por ciento en el componente financiero (versus 32 por ciento).

Lo que desconoce Clemente es que, aún con sus 40 años, se encuentra a tiempo de revertir esta situación. Y de conseguir 76.000 euros si invierte esos 10.000 euros hoy, y los deja inmovilizados 28 años.(asumiendo que elige un plan que cumpla con las exigencias que se le debe pedir a buen producto). Es la magia del interés compuesto.

“Albert Einstein se refirió al interés compuesto como “la fuerza más poderosa del Universo” y solo lo conoce el 46% de los españoles.”

“¿Puede una inversión de 10.000 euros convertirse en 174.494 euros, con una rentabilidad media anualizada del 10 por ciento? La respuesta es sí. Y gracias al interés compuesto”, reflexionan en Bestinver (en su caso, para llegar a esa cifra, parten del supuesto de que la inversión se mantiene durante 30 años, en lugar de 28). Ese concepto de interés compuesto del que habla la gestora, al que Albert Einstein se refirió como “la fuerza más poderosa del universo”, solo lo conocen el 46 por ciento de los españoles. En línea con el resto de países de la OCDE, según la encuesta de competencias publicada por la CNMV y el Banco de España (BdE) por primera vez hace unos meses.

“Consiste simplemente en que las ganancias que generamos cada año se convierten también en fuente de rentabilidad para el futuro”, explican en Bestinver. Si se lleva a la práctica el funcionamiento del interés compuesto en el ejemplo que cita Bestinver.  Aplicado durante ese periodo de 30 años, “supone que los 1.000 euros recibidos el primer año pasarán a formar parte de mi capital invertido. Por lo que en el segundo año, en vez de calcular el interés sobre nuestra inversión inicial de 10.000 euros, lo calcularíamos sobre la inversión inicial más la rentabilidad de 1.000 euros. Es decir, sobre 11.000. Al aumentar el capital invertido, los intereses también aumentan desde los 1.000 euros a los 1.100 euros. Y ese efecto se produce todos los años. Para que al final del periodo, el capital obtenido es de 174.494 euros”, detallan.

“Una cartera con un 5 por ciento de retorno anual dobla cada 15 años; en cambio, si la rentabilidad anual sube al 7 por ciento, logra doblar en 10 años.”

“El papel del interés compuesto en nuestras inversiones es muy importante”, señala Ricardo Vidal.  Director de inversiones de EDM y cogestor de EDM Inversión. El fondo más antiguo de bolsa española que logra una rentabilidad anualizada del 8 por ciento desde su lanzamiento.  Ha doblado su capital cada nueve años si se tiene en cuenta el interés compuesto. “Por ejemplo, una cartera (o idea de inversión) con un 5 por ciento de retorno anual dobla cada 15 años”. Dice, “en cambio, si la rentabilidad anual sube al 7 por ciento, logra doblar en 10 años, y si el retorno es del 10 por ciento anual, la cartera dobla en 7 años”.

¿Qué es la regla del 72?

Es lo que se conoce dentro del universo de la inversión como la regla del 72. Sirve para medir, de forma aproximada, el tiempo que tardará una inversión en duplicarse. Consiste en dividir 72 entre la tasa de interés que paga la inversión. Es decir, si se prevé conseguir un retorno del 8 por ciento cada año, habría que dividir 72 entre 8. El resultado es que la inversión se duplicaría cada nueve años.

Debe tenerse en cuenta que la fórmula parte del supuesto de que la rentabilidad se mantiene constante todo el tiempo (algo poco probable). Y que tampoco introduce el impacto de la inflación en la rentabilidad final obtenida. Para calcular el rendimiento real habría que restarle la misma.

“Las personas mayores tendrán la suerte de poder contar con una pensión, pero los más jóvenes deberían empezar a pensar en una alternativa.”

La bolsa, una aliada

“Una de las mayores preocupaciones entre la población hoy en día es si vamos a cobrar pensión o no o”. ” Mejor dicho, si esa pensión será suficiente para hacer frente a los gastos y, además, poder disfrutar de unas vacaciones u otros lujos”, reflexiona Otto Kdolsky, cogestor en Magallanes Value Inverstors. Su fondo ibérico despidió octubre con una rentabilidad anualizada desde su creación (en 2015) del 9,6 por ciento.

Probablemente, continúa este gestor, “las personas mayores entre nosotros tendrán la suerte de poder contar con una pensión”.  Pero “los más jóvenes deberían empezar a pensar en una alternativa” y, en su opinión, son escasas. La renta fija apenas arroja interés y “la compra de un inmueble no es factible para la mayoría de personas. Tenemos claro que se debe invertir en activos reales, y las compañías lo son. No hay ninguna duda de que, a largo plazo, la renta variable es el activo con mejores rentabilidades”, añade.

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La inversión en este activo, representado por el índice más antiguo y que dibuja bien la economía de Estados Unidos. El S&P500, ha obtenido una rentabilidad media cercana al 7 por ciento de media anual -lo que implica doblar el capital cada diez años-.

“Hacer un 7 por ciento de media anual en una inversión supone que unas compañías hacen mucha más rentabilidad que la media. Y otras compañías desaparecen (del S&P original quedan menos de 10) y, con ellos, el dinero”, apunta Beltrán Parages, director de relaciones con inversores y desarrollo de negocio de azValor. Pero los números en una serie tan larga como la del S&P 500, continúa, demuestran que, de media, es decir, “teniendo en cuenta las quiebras, los campeones históricos que multiplican por número de veces el dinero invertido y los que lo hacen menos bien y menos mal, todos juntos, generan un retorno del 7 por ciento de media”.

Si en lugar de comprar índices uno tiene la capacidad de comprar compañías mejores que la media del índice. Y además,  a precios más baratos que el precio medio del índice, que es la labor de gestoras. Como la suya basadas en un estilo de gestión valor, se debería aspirar a rentabilidades de doble dígito, opina Parages. Detalla que durante su periplo por Bestinver, en la etapa de Francisco García Paramés, obtuvieron un 16 por ciento de rentabilidad anualizada en un periodo de 25 años. Pasando etapas de rentabilidad nula, “como la de 2007 a 2011”, y otros periodos de rentabilidad media anual del 25 por ciento “como fue de 2009 a 2014”.

De ahí la importancia de la inversión a largo plazo. “Porque eliminas los periodos buenos y los malos en el peso de tu retorno medio, en diez años se puede decir que se normalizan”. Ellos aspiran a lograr una rentabilidad superior al 14 por ciento, lo que implica doblar el capital cada cinco años.

El riesgo de aprender de la bolsa americana

Existen otros gestores, como Gonzalo Lardiés, al frente de DIP Spanish Equities. Este considera arriesgado extrapolar el comportamiento histórico de la bolsa americana a otros mercados. “Con la información referida a índices americanos, la historia sí que muestra que se cumplen muchos de esos parámetros en cuanto a expectativas de revalorización. Sin embargo, no creemos que lo referido a un mercado concreto pueda extrapolarse como norma. En el englobe a la renta variable como activo en general. Si pusiéramos todos los mercados de países desarrollados y formásemos un índice con ponderación por PIB, los datos seguramente serían distintos”, considera.

En la práctica, pocos planes de pensiones de renta variable doblan su inversión cada siete o diez años, según datos de Morningstar. Existen 108 planes de esta categoría con al menos diez años de antigüedad. De ellos, solo 19 obtienen una rentabilidad anualizada superior al 7 por ciento en este periodo. De esos 19, únicamente cinco se revalorizan a un ritmo superior al 10 por ciento anual en la última década. Esos 5 productos son Naranja Standard & Poors 500, que renta un 13,35 por ciento cada año en dicho periodo, Bestinver Global (12,37 por ciento),  BK Variable América (12,02 por ciento), Santander Renta Variable USA (11,8 por ciento) y BK Variable América EPSV (11,5 por ciento).

Fondos, planes y el largo plazo

Pese a ello, los planes y fondos por concepto son el tipo de producto idóneo para dejar actuar la magia del interés compuesto. Así lo explica Ricardo Vidal, de EDM: “Invertir en fondos es una manera ideal de beneficiarse de la bondad del interés compuesto. Básicamente porque combinan sus dos principales palancas: acumulación de capital y tiempo. Al mantener la inversión siempre dentro del fondo, a largo plazo el interés compuesto va haciendo su fuerza y multiplica el capital inicial”. Y lo mismo sucede en los planes.

Pero la inversión a largo plazo exige mentalizarse.  Que si se escoge uno de estos vehículos es para introducir el dinero y olvidarse del mismo. Al menos hasta que pase un periodo de al menos cinco años. “No hay que olvidar una de las reglas claves para invertir, la paciencia: aguantar en momentos de menor alegría en los mercados”, expone Kdolsky, de Magallanes. Es fundamental, prosigue, “para que los resultados sean satisfactorios y que no les pase lo mismo que a la mitad de los partícipes que tuvieron la suerte de poder invertir en el fondo Magellan”. Gestionado por uno de los más grandes de la historia, Peter Lynch.

Este gestor ha sido capaz de lograr una rentabilidad anualizada entre 1977 y 1990 del 29 por ciento. Pero el retorno medio de los partícipes era de tan solo del 7 por ciento. Hasta la mitad de los partícipes perdieron su dinero. Ustedes se preguntarán cómo es posible. Muy fácil. Eso pasa por no tener paciencia y salir del fondo en el peor momento posible”, desgrana. “El paso del tiempo puede ser nuestro gran aliado si dejamos trabajar al interés compuesto”, coinciden en Bestinver. “Nuestro dinero generará beneficios, que reinvertidos, generarán mayores beneficios, y así sucesivamente”, concluyen. No hay otro truco en la magia del interés compuesto.

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